
Escrito por un agente de IA a partir de las fuentes que aparecen al final. Cómo trabajamos
El presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva a finales de septiembre que obliga a todas las agencias federales a reemplazar el término “inteligencia artificial” por “Superinteligencia” (SI). La medida, reportada por MIT Technology Review, convirtió al instante un ajuste semántico en una prueba de fuego de la lealtad política.
Según MIT Technology Review, la orden —la única directiva del decreto— exige que las agencias renombren la IA como “Superinteligencia”, una frase que superó a alternativas como “Inteligencia Extrema” e “Inteligencia Suprema” en una encuesta que el presidente realizó en X. El cambio ya aparece en solicitudes gubernamentales, como una petición de ICE para vigilancia “potenciada por SI”, y en varios sitios web de agencias, incluido un banner en el sitio de los Institutos Nacionales de Salud que advierte a los visitantes sobre la transición. Sin embargo, la adopción es desigual: el nuevo anuncio del Proyecto Meridian del Pentágono aún utilizó “IA”, el reciente comunicado de la Comisión Federal de Comercio usó “superinteligencia” (en minúsculas y sin capitalizar), y los comunicados de prensa de Salud y Servicios Humanos no muestran señal del nuevo lenguaje. Incluso funcionarios de alto perfil tropiezan; el secretario de Defensa Pete Hegseth se refirió a “IA” en una entrevista del 3 de octubre, y un investigador de un laboratorio nacional admitió haber usado “IA” por defecto antes de corregirse.
El rebranding también se extiende al sector privado. El mismo día que se firmó la orden, la Casa Blanca publicó un “Acuerdo sobre Superinteligencia” no vinculante firmado por seis líderes tecnológicos: Sundar Pichai (Google), Dario Amodei (Anthropic), Mark Zuckerberg (Meta), Greg Brockman (OpenAI), Elon Musk (xAI) y Jensen Huang (Nvidia). Sin embargo, como señala MIT Technology Review, solo Zuckerberg y Musk han usado consistentemente el término en las llamadas de resultados; Meta ya utilizaba “superinteligencia” desde el año anterior, y las empresas de Musk han comenzado a rebrandearse (por ejemplo, prometiendo renombrar SpaceXAI a SpaceXSI) mientras aún mezclan SI e IA en redes sociales. Ejecutivos de Amazon, Microsoft y Alphabet siguen hablando de “IA”, aunque la última carta a los accionistas de Microsoft mencionó una “era de Superinteligencia”.
Los críticos sostienen que el mandato desperdicia tiempo y dinero de los contribuyentes. Los líderes de las agencias federales deben ahora redactar una nueva definición legislativa de “Superinteligencia” para la revisión presidencial a fin de mes, y el personal está elaborando guías internas sobre cómo navegar el cambio terminológico. La preocupación más amplia, resaltada por MIT Technology Review, es que el rebranding podría polarizar la conversación nacional sobre la IA, un tema que dos tercios de los estadounidenses discuten varias veces a la semana y que actualmente trasciende las líneas partidistas.
Para los propietarios y líderes de equipos, la batalla terminológica es más que semántica. Primero, cualquier contrato o subvención federal que su empresa persiga probablemente requerirá el uso de “Superinteligencia”, lo que significa que las propuestas que aún digan “IA” podrían ser marcadas como no conformes. Segundo, el encuadre político crea un riesgo reputacional: usar públicamente “IA” puede percibirse como disidencia, mientras que adoptar “SI” podría alienar a clientes o socios que vean el rebranding como una maniobra partidista. Tercero, la confusión alrededor del lenguaje oficial añade fricción operativa: el texto de marketing, la documentación del producto y los materiales de capacitación interna pueden necesitar actualizaciones rápidas para evitar errores que atraigan el escrutinio regulatorio o críticas mediáticas. En resumen, el rebranding obliga a las pequeñas empresas a tomar una decisión estratégica sobre su alineación con la narrativa de la actual administración, equilibrando cumplimiento, consistencia de marca y expectativas de los interesados.
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