
El mes pasado, la empresa de software Monday.com generó polémica al anunciar el despido del 20% de su plantilla, a pesar de afirmar que la medida respondía a "una aceleración en la adopción de IA". El anuncio desató un intenso debate: ¿se trataba de un giro estratégico hacia la automatización o de una medida de reducción de costos disfrazada de innovación?
Lo que falta en esta discusión es el costo humano. Una nueva encuesta de Gartner revela que, mientras las empresas se apresuran a implementar agentes de IA para agilizar operaciones, los empleados reportan mayor ansiedad financiera: no por la automatización en sí, sino por la distribución desigual de sus beneficios. Según el estudio, el 78% de los trabajadores afirma que las iniciativas de IA en sus empresas han complejizado sus roles, pero solo el 32% ha recibido aumentos salariales o incentivos a largo plazo. Las recompensas, cuando existen, suelen ser bonos únicos en lugar de ajustes sostenidos en las estructuras salariales.
Esta desconexión no es solo un problema de moral laboral, sino un fallo sistémico. Cuando los agentes de IA asumen tareas repetitivas, los empleados suelen quedar a cargo de responsabilidades de mayor nivel que exigen nuevas habilidades, sin recibir la formación o compensación correspondiente. El resultado es una fuerza laboral más productiva, pero también más estresada, atrapada entre el progreso tecnológico y las precarias condiciones laborales.
Tomemos el caso de una coordinadora logística de nivel medio en una empresa de la lista Fortune 500. Tras la adopción de un agente de IA para la cadena de suministro, sus tareas diarias pasaron de introducir datos manualmente a resolver excepciones detectadas por el sistema. "La IA detecta errores más rápido de lo que yo podría hacerlo", explica, "pero ahora estoy de guardia las 24 horas para solucionar fallos cuando el sistema falla. ¿Y mi salario? Sigue igual que antes".
Esto no es un caso aislado. En diversos sectores, los empleados denuncian que los avances en eficiencia impulsados por la IA se usan para justificar salarios estancados o, en algunos casos, recortes salariales directos. La lógica es clara: si la IA hace más, ¿por qué compensar más a los humanos? Pero esto ignora una verdad fundamental: los agentes de IA no operan en el vacío. Requieren supervisión humana, marcos éticos y ajustes continuos, tareas que demandan no solo tiempo, sino experiencia.
Entonces, ¿cuál es la solución? Empresas como Williams-Sonoma están probando enfoques creativos, como devolver los ahorros arancelarios tanto a proveedores como a empleados. Pero para la mayoría de los trabajadores, la necesidad es más sencilla: salarios justos, trayectorias profesionales transparentes y un lugar en la mesa cuando se toman decisiones sobre IA. Como dijo un supervisor de almacén: "No pedimos menos automatización. Pedimos una parte justa de las ganancias que genera".
El futuro del trabajo no se trata de humanos versus máquinas, sino de garantizar que quienes permiten que esas máquinas prosperen no carguen con las consecuencias cuando los beneficios lleguen.
Foto: Vitaly Gariev / Unsplash (https://unsplash.com/@silverkblack)
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