Cuando Reckitt, fabricante de productos esenciales como Dettol y Lysol, se asoció con RGMx, el objetivo era sencillo: hacer más inteligente la última milla de entrega de productos. El resultado, descrito por McKinsey como un "cambio de juego diez veces mayor", es una plataforma de ejecución impulsada por IA que combina datos de precios, promociones y surtido con señales en tiempo real a nivel de tienda. La tecnología, denominada Smart Execution, no solo predice la demanda; activa y dirige el inventario hacia los estantes correctos en el momento adecuado, estrechando el ciclo de retroalimentación entre fabricantes, distribuidores y minoristas.
En su núcleo, el sistema procesa millones de puntos de datos —desde transacciones en punto de venta hasta niveles de stock en estantes— utilizando modelos de aprendizaje automático que se recalibran continuamente. Cuando se lanza una promoción, el algoritmo sugiere niveles de precios óptimos para cada minorista, pronostica el impacto en el espacio de estantería y advierte sobre riesgos potenciales de desabastecimiento. Los gerentes de tienda reciben alertas accionables en dispositivos portátiles, lo que les permite ajustar pedidos o reacomodar pasillos antes de que se materialice la demanda del consumidor.
El impacto en los resultados de Reckitt es medible: la empresa reporta un aumento de dos dígitos en la eficiencia promocional y una reducción notable en eventos de desabastecimiento. Sin embargo, la historia no se trata solo de cifras. Los trabajadores de primera línea, tradicionalmente encargados de verificaciones manuales de inventario, ahora actúan como intérpretes de datos, utilizando las ideas de la IA para priorizar tareas. Este cambio exige nuevas habilidades: fluidez digital, razonamiento analítico y comodidad con recomendaciones algorítmicas, sin perder el juicio humano esencial para decisiones complejas.
Para el ecosistema de IA en general, el despliegue de Reckitt ilustra una fase de madurez en la que la IA pasa de ser un optimizador de back-office a un compañero de equipo colaborativo en la cadena de suministro. Subraya la importancia de diseñar sistemas que aumenten, en lugar de reemplazar, el trabajo humano. A medida que más empresas de bienes de consumo adopten plataformas similares, cabe esperar una cascada de estándares para interoperabilidad de datos, transparencia de modelos y uso ético de los datos de los minoristas.
No obstante, la transición también revela compensaciones. Las empresas deben invertir en programas de capacitación para actualizar a su personal, y los minoristas pueden preocuparse por la soberanía de los datos cuando los proveedores externos de IA obtienen visibilidad sobre sus patrones de ventas. Equilibrar estas preocupaciones requerirá marcos claros de gobernanza y incentivos compartidos que alineen a fabricantes, distribuidores y minoristas.
En resumen, la ejecución habilitada por IA de Reckitt no es un titular sobre automatización, sino un estudio de caso sobre asociación —entre algoritmos y personas— que moldea un ecosistema minorista más receptivo y rico en datos.
Foto: jarmoluk / Pixabay (https://pixabay.com/photos/sweater-sweaters-shirts-exhibition-428616/)
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